Un domingo de 40

lutxana ilustraciones amor propio niña interior

Autora: lutxana art* Judith Díaz Garcés

19.10.19 Barcelona

 

Me despierto un domingo 20 de octubre a las diez de la mañana, tras una semana de la dura resaca de altercados en la ciudad de personas del precariado cansadas de que nos impongan las cosas, estados, impuestos, condenas, sin justicia real, claman por la dignidad, algo así como decir; “¡vale seremos vuestros esclavos del siglo 21, pero al menos haced las cosas de manera menos medieval!”.

En ese contexto socio económico alterado, me dispongo a disfrutar de mi día de fiesta único completo de esta semana larga y ardiente.

Desde la cama aún miro el móvil y los contenidos que conocidos o no comparten en las redes sociales, imágenes de fuegos en las calles, otras de gentes sentadas pidiendo paz…

Busco algo en YouTube y encuentro un vídeo de una gurú mística sobre “la niña interior” y la escucho. Dice que debemos reconocer a la niña que fuimos. Ahora tengo justo 40 años y 5 meses, y me vienen a la cabeza recuerdos de mi infancia, de yo misma mirando por aquel balcón de un pisito en una calle interior del barrio de Gràcia de Barcelona. Eran los años 80.

Jugaba con los “clics” y montaba escenarios y escenas de todo tipo en el balcón, hace unos treinta y pico años seguro que ese sería un domingo por la mañana cualquiera. Quizás luego iríamos a casa de una de las abuelas/os a comer. Me calzaría mis mocasines tan amados y pisaría (para hacer resonar mis pasos) los adoquines de las calles, esos que anteayer arrancaron jóvenes anarquistas para lanzarlos a la policía.

Quizás mi padre me compraría un cómic del Pato Donald de camino, pasando por los mercadillos que había en aquella época en el Mercat de la Llibertat.

La gurú dice que debemos hacerle un hueco en nuestro día a día a esa niña que fuimos y reconocerla siempre, para curar las heridas que sufrió en su día, en esos días ochenteros.

En esa época recuerdo que no me sentía tan mujer como hoy, era un sentimiento que luego he ido construyendo, me gustaba llevar el pelo corto y mi madre me lo cortaba, me dejaba también vestir más modo “tomboy”. Era mi estilo, lo que no quiere decir que renegara de ser mujer, sino que era otro tipo de mujer distinta al resto común. El mínimo común múltiplo divisor, o algo así decían en matemáticas. La verdad es que no me enteraba mucho de lo que hacíamos en el colegio, solo sé que me gustaba ir y jugar allí con las demás niñas de clase, pero también escuchar las cosas que decían las profesoras, no era muy consciente de nada. Jugábamos a recrear la película de “Superman” en el patio, hacíamos que volábamos con las batas como capas, y si había llovido con las botas de plástico rojas chapoteábamos en los charcos como Superman. También jugábamos a fútbol, aunque éramos casi todas chicas, y nos gustaba mucho; yo tenía una seminovia libre, una de mi clase que se llamaba Mercè, con el pelo muy largo y negro. Nos adorábamos y jugábamos siempre juntas, también con las demás, pero éramos la parejita. Y a mí me encantaba esa relación libre y muy tierna, era como que nos cuidábamos la una a la otra, y la cosa surgió de forma natural, evidentemente nunca lo hablamos ni decidimos, sino que solo fluíamos de forma súper compatible.

lutxana ilustraciones amor propio niña interior

Ahora a mis 40 la verdad es que me gustaría encontrar y disfrutar también de una relación de ese tipo. He tenido muchas relaciones hasta ahora, y buenas, pero ninguna tan plena como aquella.

Al tener la mañana libre por delante he pensado en dibujar esa historia, impregnar de tinta una de las páginas de mi libreta nueva con imágenes que muestren esa sensación de melancolía por algo sensacional como nuestra niña interior. 

Sucedió que tuve que irme, nos fuimos a vivir a otra ciudad, a unos veinte kilómetros, por el cambio de trabajo de mi padre, y nunca volví a ver a esa chica, ni al resto de compañeras de clase, tampoco nunca la he buscado, aunque he vuelto muchas veces por el barrio, supongo que si algún día me la tengo que encontrar ya la encontraré. Solo es gracioso que uno de los pocos chicos de aquella clase vive justo en la misma ciudad a donde fuimos y su hija ahora es la mejor amiga de mi sobrina.

Los padres de la niña tenían una ferretería delante del balcón de mi piso, en la calle Quevedo 10, ella no solía estar los sábados, pero algunos sí. Yo miraba desde el balcón a la gente pasar mientras jugaba con mi gato “brillantín” y/o con los clics montando mis “películas”.

lutxana de pequeña Gracia
yo en mi balcón con mi gato «brillantín»

Tengo además una foto justo en ese balcón con el gato que era grande y gris, de rayas, y un poco malo, siempre me arañaba, se iba de casa y a veces no volvía, a veces lo había paseado con correa como si fuera un perro por el Passeig Sant Joan; un día se fue y no volvió, mi padre me decía que lo veía alguna vez en una vieja fábrica abandonada un poco más arriba de nuestra calle, y que estaba con más gatos. No sentía pena, pensaba que era normal que quisiera irse con otros de su misma especie.

Esos días mi padre me compró un reloj que se transformaba en robot, jugaba mucho con una dentadura de Drácula que tenía y hacía ver que era vampira, siempre con capa, por cierto.

He visto el concurso de “Arroz negro” y el tema “El pacto”, y he querido ilustrar ese pacto que quiero hacer y hago con mi “niña interior” para cuidarnos mutuamente y sobretodo curar aquellas heridas abiertas de antaño.

yo y Mercè

También he pensado en la conversación que tendría ahora con aquella la que fue mi “seminovia” en aquellos entrañables días, preguntas que siempre me haré:

Yo preguntaría: 

  • Hola Mercè, ¿tú también sentías como si fuera ideal nuestra relación, libre y surgida de la espontaneidad? ¿También sentías ese amor especial y mágico como yo o solo era una amiga más para ti? ¿Has encontrado el amor en tu vida? ¿Tienes hijos/as? ¿Eres lesbiana o bisexual? ¿Eres feliz?

Supongo, porque lo he pensado muchas veces, que ella respondería algo así:

  • Hola Judith, sí era genial cuando jugábamos a fútbol, tú de portera y yo de defensa para que no entrara la pelota, a Superman volando por el patio, dibujando, leyendo cómics, comiendo polos de hielo de “Coca-Cola”, bailando “la bamba”, etc. Ya sabes que vivía fuera de Barcelona e iba a ese colegio de Gràcia porque estaba al lado de la tienda de mis padres. Luego me fui a mi pueblo a estudiar en el Instituto de allí a hacer B.U.P y C.O.U. ¿Recuerdas que me gustaban mucho las matemáticas? Pues estudié la carrera y ahora voy de aquí para allá viajando por el mundo haciendo algoritmos para empresas de inteligencia artificial. He tenido parejas, sobretodo de chicos, alguna aventurilla con chicas, pero nada que me haya llenado el corazón de verdad.  La verdad es que era genial nuestra relación, tan pequeñas, tan sabias, tan libres y a la vez ingenuas, sin saber que eso fuera o en la vida adulta, en aquel momento, era poco factible. Mira ahora tengo amigas que son pareja y han tenido un bebé juntas, es genial cómo ha cambiado la cosa. Soy feliz porque me encanta mi trabajo, pero siempre se puede ser más feliz. ¿Recuerdas que yo soy Acuario? Yo me agachaba cuando cantábamos esa canción de los horóscopos al decir ese, y seguro que sabes, por el año del que somos las dos 1979 y las de ese año somos muy místicas, que las acuario no nos atamos a nada. ¿Quedamos?. Nunca es demasiado tarde.

 

FIN.

Un domingo de 40

Autora: lutxana art* Judith Díaz Garcés

19.10.19 Barcelona | lutxanaartbarcelona@gmail.com | www.lutxana.es 

 

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